EL ESPEJISMO DE LA IA: datos sensibles en juego

Manuel Ibarra Trujillo — 2026-02-08

Acaba de ocurrir una transmisión masiva de datos sin que la sintamos como tal. La dinámica se disfraza de juego: pedirle a una IA una caricatura basada en “todo lo que sabe de ti”. Y ahí está el truco silencioso. Como no te conoce, te pide que se lo cuentes tú: fotos, descripción física, profesión, rasgos distintivos. En una sola entrega, le das lo que nunca le darías a un extraño en la calle.

No es que la IA sea “adivina” o “espía”. Es, más bien, un espejo. Refleja lo que tú acabas de poner delante: la información que regalaste voluntariamente.

Lo que parece inocente

El reto se vuelve viral porque promete algo rápido y divertido: una imagen para compartir, un “mírate” en versión caricatura, un gesto que dura lo que dura la atención en redes.

Pero el intercambio real no es una caricatura. Es una costumbre que se instala. Es la facilidad con la que aprendemos a entregar datos sensibles a cambio de una gratificación mínima.

“No es magia: es información. Y la estás entregando tú.”

Nota de reflexión

Los riesgos

Aceptar el reto implica cruzar líneas rojas que solemos ignorar por entretenimiento. El primer riesgo es la cesión voluntaria y su normalización: se nos entrena a dar datos sensibles, como rostro, trabajo y rasgos de personalidad, con naturalidad. Poco a poco, se erosiona la barrera de protección que sí tendríamos ante un desconocido.

El segundo riesgo es el perfilado y el tratamiento opaco. Una vez entregas esos datos, pierdes control. Pueden servir para construir perfiles comerciales o psicológicos más precisos de lo que imaginas, sin que te enteres del cómo, del dónde o del para qué.

El tercer riesgo es el vacío legal internacional. Al enviar información a empresas fuera del Perú, tus datos pueden perder el “escudo” de la protección de datos local. Los estándares de privacidad no son iguales en todas partes, y esa diferencia suele jugar en contra del usuario.

El cuarto riesgo es la transferencia internacional. Tu identidad digital viaja a servidores extranjeros, con reglas del juego distintas y, muchas veces, menos protectoras. Lo grave no es solo que viaje: es que viaje sin que tú lo sientas como decisión.

A la reflexión

“Si el producto es gratis, el producto eres tú.”

Frase popular

Pero en este caso, el producto no es solo tu tiempo o tu atención. El producto puede ser tu biometría y tu entorno profesional, empaquetados con una sonrisa, como si nada.

La pregunta de fondo no es qué puede hacer la IA con esos datos. La pregunta incómoda es otra: ¿por qué estamos tan dispuestos a regalar nuestra identidad a cambio de una imagen que olvidaremos en 24 horas?

La moda está normalizando la entrega masiva de información privada bajo la máscara del ocio. Y cuando eso se vuelve costumbre, el riesgo deja de parecer riesgo. Se vuelve rutina.

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