PRIMERA TEMPORADA

Primera temporada: Introducción

Manuel Ibarra Trujillo — 2026-02-04

Regina no quería estudiar Derecho. Quería ser música. Quería vivir de la guitarra, de los ensayos apretados en una bodega prestada, de esos acordes que, cuando todo afuera se desordenaba, le devolvían un tipo de calma que casi nada más le daba.

Pero en su casa la calma no era un derecho adquirido. Era un lujo. Y en el barrio los lujos no duran: se te van en un recibo, en un pasaje, en una cola larga, en un “hasta mañana” que a veces significa “nunca”.

Daniela, su mamá, sostiene el hogar como puede. Aun así, Regina aprende temprano que el esfuerzo no siempre alcanza cuando el mundo se pone abusivo: cobros con amenazas, trámites que se traban, gritos que buscan reemplazar a la verdad.

Ahí, en esa esquina entre la necesidad y la injusticia, aparece el Derecho. No como vocación romántica, sino como herramienta urgente. No para “ganar casos”, sino para que su familia no viva pidiendo permiso para existir.

El mundo llega sin subtítulos

A eso se suma algo que Regina no eligió y que atraviesa cada capítulo como un ritmo propio: su condición de autismo.

En su día a día, el mundo llega alto, rápido y a veces sin subtítulos. Los ruidos la golpean con más fuerza. Los cambios inesperados le desordenan el cuerpo. Las multitudes la saturan.

Y las reglas sociales no escritas, esas que otros parecen comprender sin explicación, le exigen un esfuerzo extra. Regina necesita rutinas para sostenerse, lugares donde la puerta sea visible, silencios que no la castiguen.

Cuenta pasos. Usa audífonos sin música para bajar el volumen del mundo. Y se aferra a listas y esquemas para que el caos no la venza.

Pero lo que a veces la sociedad confunde con “rareza” o “frialdad” es, en realidad, una forma distinta de sentir y procesar.

Regina percibe patrones donde otros ven solo costumbre. Detecta incoherencias con precisión. Y se niega, casi físicamente, a aceptar la injusticia como “así es la vida”.

Su manera de pensar, rigurosa y directa, la vuelve incómoda para quienes viven de la presión y la ambigüedad. Y, al mismo tiempo, la vuelve valiosa en un campo donde los hechos, la prueba y el método pueden ser la diferencia entre un abuso impune y un límite real.

De la calle al expediente

Esta primera temporada cuenta el inicio de esa transformación.

Desde el primer intento de cobranza intimidatoria hasta el proceso de alimentos que su mamá inicia para sostener el hogar; desde el aula donde Regina aprende a poner nombres a lo que ya vivió —“demanda”, “notificación”, “plazos”— hasta el día en que entiende, con dolor, que el Derecho no protege solo: hay que empujarlo.

En el camino, su madre, orgullosa y desesperada a la vez, empieza a decir en el barrio que “su hija estudia Derecho”.

Y Regina, sin querer, se ve rodeada de vecinos que buscan orientación para no ser aplastados por la fuerza.

No hay héroes invencibles

No es una historia de héroes invencibles ni de finales fáciles.

Es una historia de aprendizaje real: de pérdidas que enseñan, de victorias pequeñas que sostienen, de ética cuando la gente te pide milagros.

También es la historia de cómo una estudiante, con sensibilidad intensa, con recursos limitados y con una guitarra como refugio, descubre que la justicia no siempre llega a tiempo.

“Rendirse la haría llegar nunca.”

Narrador

Si alguna vez has sentido que el Derecho en los libros no se parece al Derecho en la calle; si te ha frustrado la lentitud de un trámite frente a la urgencia de la vida; si te has preguntado para qué sirve estudiar cuando el mundo parece premiar al que grita, esta temporada es para ti.

Porque Regina no viene a recitar definiciones. Viene a convertir la realidad en un caso, y el caso en una herramienta.

Y en ese esfuerzo, humano, imperfecto, insistente, se juega el sentido más profundo de aprender Derecho.

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