El caso Liebeck vs. McDonald’s, 1992
Albuquerque, Nuevo México, febrero de 1992. Stella Liebeck tenía 79 años. Esa mañana, su nieto la llevó al autoservicio de McDonald’s. Pidió un café de 49 centavos. Nada más.
El auto no tenía portavasos. Stella sostuvo el vaso entre las rodillas para quitarle la tapa y añadir crema y azúcar. El vaso se volcó. El café empapó su regazo.
Lo que siguió no fue una simple quemadura.
El café de McDonald’s estaba entre 82 y 88 grados centígrados —casi al punto de ebullición—. A esa temperatura, el líquido destruye la piel humana en segundos. Stella sufrió quemaduras de tercer grado en el 6% de su cuerpo: genitales, muslos, glúteos. Pasó ocho días hospitalizada. Necesitó injertos de piel. Su recuperación duró dos años.
Stella no quería hacerse millonaria. Escribió a McDonald’s pidiendo que cubriera sus gastos médicos: unos 20,000 dólares. La empresa le ofreció 800.
Entonces demandó.
Lo que el juicio reveló fue devastador para McDonald’s. La empresa mantenía su café entre 30 y 40 grados más caliente que cualquier otro restaurante. Sus propios expertos en calidad admitieron que a esa temperatura el café era «inadecuado para consumo». Los documentos internos mostraron que McDonald’s había recibido más de 700 quejas por quemaduras en la década anterior —incluyendo niños y ancianos con lesiones graves—. La empresa conocía el riesgo y no había hecho nada.
¿Por qué tan caliente? McDonald’s argumentó que sus clientes querían café caliente para el trayecto al trabajo. El sabor se mantenía mejor. Las encuestas lo respaldaban.
El jurado no quedó convencido.
El veredicto: Stella tenía parte de culpa —un 20%—, pero McDonald’s había actuado con negligencia grave. Le otorgaron 200,000 dólares en daños compensatorios (reducidos a 160,000 por su responsabilidad parcial) y 2.7 millones en daños punitivos —equivalentes a dos días de ventas de café de McDonald’s en todo Estados Unidos—.
La jueza redujo los punitivos a 480,000 dólares. El caso se resolvió fuera de los tribunales por una cifra que nunca se hizo pública, estimada en menos de 600,000 dólares.
Pero la historia pública fue otra. Los medios ridiculizaron a Stella. Se convirtió en el símbolo de las «demandas frívolas», de la cultura litigiosa estadounidense, de personas buscando enriquecerse con cualquier pretexto. Los comediantes hicieron chistes. Los políticos citaron el caso para pedir reformas legales que limitaran las demandas civiles.
Casi nadie mencionó las quemaduras de tercer grado. Casi nadie mostró las fotografías médicas. Casi nadie explicó que una anciana de 79 años solo había pedido que le pagaran el hospital.
El legado real: Hoy, los vasos de café en todo el mundo llevan advertencias de temperatura. McDonald’s redujo el calor de su café. Y el caso Liebeck se estudia en facultades de derecho como ejemplo de cómo la percepción pública puede distorsionar completamente la realidad de un litigio.
Stella Liebeck murió en 2004, a los 91 años. Nunca dio entrevistas. El café más famoso de la historia legal le costó la piel —literalmente—.
Lo que el cafe caliente enseño al derecho:
1. Responsabilidad por productos defectuosos — El caso estableció que un producto puede ser «defectuoso» no solo por su fabricación, sino por servirse en condiciones peligrosas que el consumidor no puede anticipar razonablemente.
2. Negligencia corporativa con conocimiento previo — McDonald’s sabía del riesgo (700+ quejas documentadas) y no actuó. Esto transformó un simple accidente en negligencia grave, justificando los daños punitivos.
3. Daños punitivos como castigo y disuasión — El jurado calculó los 2.7 millones como equivalente a dos días de ventas de café, buscando que la sanción «doliera» lo suficiente para forzar un cambio de conducta corporativa.
4. Negligencia comparativa — El jurado asignó 20% de culpa a Stella por sostener el vaso entre las piernas, reduciendo proporcionalmente su compensación. No todo fue culpa de McDonald’s, pero la mayor parte sí.
5. Deber de advertencia — Si un producto presenta riesgos no obvios para el consumidor, el fabricante debe advertirlo claramente.
La enseñanza central:
Cuando una empresa conoce que su producto causa daño, tiene documentado ese daño, y decide no hacer nada porque el costo de las demandas es menor que el costo de cambiar… el derecho puede intervenir con sanciones lo suficientemente severas para alterar ese cálculo económico.
El caso Liebeck no premió la torpeza. Castigó la indiferencia corporativa deliberada ante el sufrimiento previsible de sus clientes.


