LA CERVEZA DEL CARACOL: el sorbo que cambió todo

Donoghue v Stevenson [1932] UKHL 100 (26 May 1932)

Era agosto de 1928 en el pequeño pueblo escocés de Paisley. May Donoghue, una costurera de recursos modestos, fue con una amiga a tomar algo a un café. Su amiga pidió para ella un helado flotante con cerveza de jengibre —una bebida típica de la época. El dueño del café abrió la botella opaca de vidrio oscuro y vertió parte del contenido sobre el helado. May bebió. Todo parecía normal.

Entonces su amiga sirvió el resto de la botella… y un caracol en estado de descomposición flotó hacia la superficie.

May enfermó gravemente: gastroenteritis severa y shock. Quiso demandar, pero se encontró con un muro legal aparentemente infranqueable: ella no había comprado la bebida. Su amiga lo había hecho. Sin contrato con el fabricante ni con el vendedor, ¿cómo podía reclamar?

El Dilema Jurídico

El caso llegó hasta la Cámara de los Lores, el tribunal más alto del Reino Unido. La pregunta era revolucionaria: ¿puede un fabricante deber cuidado a alguien con quien no tiene ningún contrato?

Los abogados del fabricante, David Stevenson, argumentaron que la ley era clara: sin contrato, no hay obligación. Era la doctrina dominante desde hacía casi un siglo.

La Decisión Histórica

En mayo de 1932, por una mayoría de 3 a 2, los Lores fallaron a favor de May Donoghue. Lord Atkin escribió las palabras que transformarían el derecho civil del mundo anglosajón:

«La regla de que debes amar a tu prójimo se convierte en derecho en: no debes dañar a tu prójimo. ¿Quién es mi prójimo en derecho? Son las personas tan cercanamente afectadas por mis actos que debería razonablemente tenerlas en consideración.»

Este «principio del prójimo» estableció que los fabricantes tienen un deber de cuidado hacia los consumidores finales, aunque no exista contrato entre ellos. Si produces algo destinado a llegar al consumidor sin posibilidad de inspección intermedia, debes asegurarte de que sea seguro.

El legado al derecho

Lo extraordinario es que el caso nunca llegó a juicio sobre los hechos. Stevenson murió antes, y sus herederos llegaron a un acuerdo extrajudicial con May por 200 libras. Nunca se probó legalmente que hubiera un caracol en la botella.

Pero eso ya no importaba. El precedente estaba sentado.

Hoy, gracias a este caso:

  • Los fabricantes responden ante consumidores aunque no haya contrato directo
  • Existe el concepto moderno de «deber de cuidado» en responsabilidad civil
  • Las leyes de protección al consumidor tienen un fundamento jurídico sólido

Como escribió Lord Macmillan: «Las categorías de la negligencia nunca están cerradas.» El derecho debe adaptarse a las circunstancias cambiantes de la vida.

Un caracol putrefacto en una botella de cerveza de jengibre. Un caso que quizás nunca ocurrió exactamente como se alegó. Y sin embargo, la decisión más influyente en la historia del derecho de daños del mundo anglosajón.

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