Capítulo 11: “La casa no se pierde con una amenaza”
Después del examen oral, Regina sintió algo parecido a calma por primera vez en semanas. No era confianza desbordada; era la tranquilidad de saber que podía sostenerse en un lugar difícil sin romperse. Aun así, la universidad no dejaba de ser un territorio ruidoso: pasillos llenos, conversaciones encima de conversaciones, y esa sensación de que todos avanzaban en grupo mientras ella avanzaba en línea recta.
Ese día llegó temprano y se sentó donde siempre: esquina, pared, puerta visible. Sacó su cuaderno cuadriculado y escribió la fecha con un trazo exacto.
Le gustaba esa precisión. Le recordaba que no todo estaba fuera de control.
El profesor entró con su carpeta habitual, miró al aula como si midiera el ambiente y dijo: “Hoy vamos a cambiar de escenario. Lo que hemos visto con alimentos sirve para entender el método. Pero el método se prueba cuando el caso cambia”.
Regina levantó la mirada. Cuando el caso cambia, la memoria se queda corta, había dicho él. Ella lo había anotado.
El profesor dibujó una palabra en el pizarrón, grande, como para que nadie la ignore: DESALOJO.
Regina sintió un pequeño escalofrío. No por miedo propio, sino porque en el barrio esa palabra era una amenaza frecuente: “te saco”, “te boto”, “mañana mismo”.
El caso
“Les cuento un caso”, dijo el profesor. “Una familia vive alquilando un cuarto. Paga a veces con retraso, porque su economía es inestable”.
“Un día, el dueño llega y les cambia la chapa. Les deja las cosas afuera. Les dice: ‘se van hoy’. Y remata: ‘si no se van, llamo a mis primos’”.
Hubo un murmullo en el aula. Muchos habían visto algo parecido.
El profesor esperó el silencio. “Pregunta uno: ¿el dueño puede hacer eso?”
Algunos respondieron rápido: “Si es su casa, sí”. “Si no pagan, sí”. “Si ya se venció el contrato, sí”.
Regina sintió esa incomodidad que le venía cuando la gente simplificaba demasiado. “Si es su casa, sí” sonaba como “el fuerte manda”.
Y ella ya había aprendido que el Derecho existía precisamente para que el fuerte no mande a gritos.
El profesor no corrigió con regaño. Solo preguntó: “¿Y el proceso? ¿Y las garantías? ¿Dónde quedan?”
Silencio.
El profesor apoyó el plumón en la mesa. “En un desalojo, el conflicto real no es solo ‘quién tiene razón’. El conflicto es que muchas veces se pretende resolver con fuerza lo que debe resolverse con Derecho”.
Regina anotó: fuerza vs Derecho.
El método vuelve
El profesor empezó a desarmar el caso como si fuera un mecanismo. “Primero: distingan hechos. ¿Hay contrato? ¿Es verbal o escrito? ¿Qué se acordó?”
“¿Hay recibos de pago? ¿Hay mensajes? ¿Hay testigos? ¿Cuánto tiempo llevan ahí?”
Regina sintió familiaridad. Volvía el método.
“Segundo: identifiquen las posiciones. El dueño dice: ‘es mi propiedad, se van’. La familia dice: ‘vivimos aquí, no nos pueden sacar así’”.
“Eso se parece a lo que vimos en alimentos: siempre hay otra versión. Y el proceso existe para ordenar ese choque”.
Luego levantó la mano, como para subrayar: “Tercero: entiendan lo esencial. Aunque alguien sea propietario, no puede hacerse justicia por mano propia”.
“Cambiar chapa, botar cosas, amenazar… eso es una vía de hecho. Y el Derecho, en un Estado que se respeta, no se resuelve a patadas. Se resuelve con tutela”.
Regina sintió que “tutela” y “debido proceso” volvían como un estribillo.
Dos columnas
El profesor caminó hacia el pizarrón y escribió dos columnas: “Derechos del propietario/arrendador” y “Garantías del ocupante/arrendatario”.
“Sí”, dijo. “El propietario tiene derechos. Puede pedir restitución, puede reclamar pago, puede acudir a la vía correspondiente”.
“Pero el ocupante también tiene garantías mínimas: ser notificado, ser escuchado, defenderse, presentar prueba. ¿Les suena?”
Varias cabezas asintieron. Regina anotó: desalojo también es debido proceso.
El profesor continuó: “Cuarto: piensen en prueba. La gente cree que ‘todo el mundo sabe’ quién paga o no paga”.
“Pero en expediente no existe ‘todo el mundo sabe’. Existe lo que se acredita. Y ahí aparecen los recibos, transferencias, mensajes, incluso la constancia de que viven ahí”.
Regina recordó la audiencia de alimentos: “¿tiene sustento?”. Era la misma lógica.
El tiempo, la parte cruel
“Quinto: el tiempo”, dijo el profesor. “En estos casos, el tiempo es cruel. Si te sacan hoy, ¿cómo esperas meses una decisión?”
“Por eso, además de pensar en el fondo, hay que pensar en medidas urgentes y vías adecuadas. No para ‘ganar rápido’, sino para evitar daños irreparables”.
Regina levantó la mano, sin darse cuenta. El profesor la vio. “A ver”.
Regina habló sin adornos: “Profe… entonces, aunque el dueño tenga razón en el fondo, igual no puede sacar a la fuerza. Porque eso rompe el debido proceso”.
El profesor la miró como quien confirma que alguien entendió el punto, pero no lo dijo en elogio. Solo lo afinó.
“Exacto. El Derecho no niega el derecho del propietario. Lo encauza. Porque si permitimos que cada uno ejecute su ‘razón’ con violencia, lo que queda es ley del más fuerte”.
“Y eso no es Derecho.”
Profesor
Regina sintió esa frase como una verdad que le quedaba perfecta en el pecho. Ella odiaba la ley del más fuerte porque la había visto demasiado.
El profesor remató el caso con una advertencia práctica: “Cuando les llegue un caso así, no empiecen por discutir quién es ‘bueno’ o ‘malo’”.
“Empiecen por: ¿qué se puede probar?, ¿qué vía corresponde?, ¿hay amenaza o violencia?, ¿se está vulnerando tutela efectiva? Y recién ahí construyen estrategia”.
En el aula, el caso dejó de ser “cuento del profesor” y se volvió herramienta.
El ejercicio
Al terminar la clase, el profesor dejó un ejercicio: “Para la próxima, elaboren un esquema de defensa en un desalojo basado en este caso”.
“Quiero ver tres cosas: hechos relevantes, medios de prueba y qué garantías procesales no pueden faltar. Y un extra: expliquen por qué la jerarquía normativa importa cuando alguien quiere ‘resolver’ con violencia”.
Regina sintió la tarea como un puente directo a su realidad. Pensó en una vecina a la que casi le cambiaron la chapa meses atrás.
Pensó en su propia casa alquilada años atrás, cuando todo era más inestable. Pensó en lo fácil que era que la necesidad te vuelva mudo.
Esa tarde, en la biblioteca, hizo lo que ya era su estilo: no escribió un texto bonito; escribió un esquema que se podía usar.
Hechos: tiempo de ocupación, pagos, acuerdos, comunicación.
Prueba: recibos, mensajes, testigos, constancias.
Garantías: notificación, defensa, prueba, motivación, no vías de hecho.
Jerarquía: ninguna “regla de barrio” o “costumbre del dueño” puede estar por encima de garantías básicas.
Mientras lo hacía, entendió una idea nueva: el Derecho no solo defendía a su mamá en alimentos. Podía defender a cualquiera frente a un abuso de poder cotidiano.
El ensayo
Esa noche, en el ensayo, Regina escuchó a su cantante decir que una amiga estaba “con miedo” porque el dueño del cuarto la estaba presionando para que se vaya.
Regina no dijo “yo sé”. No dijo “yo estudio Derecho”. Solo preguntó lo importante: “¿Tiene algún recibo? ¿Algún mensaje? ¿Algo que pruebe lo que acordaron?”
La cantante la miró raro. “¿Por qué?”
Regina pensó en el pizarrón, en la palabra DESALOJO como amenaza y como proceso.
“Porque la casa no se pierde con un grito. Se defiende con orden.”
Regina
Y mientras tocaba la última canción, sintió que su vida estaba cambiando sin hacer escándalo: estaba aprendiendo a convertir el miedo en estrategia, y la injusticia en un problema que se puede encarar con método.
En casos de desalojo, el punto decisivo no es solo la propiedad o el incumplimiento, sino el respeto a la tutela jurisdiccional efectiva y al debido proceso.
Nadie debería ser expulsado por vías de hecho, amenazas o violencia, aunque exista un conflicto contractual.
La defensa comienza por ordenar hechos y pruebas, identificar la vía adecuada y exigir garantías mínimas: notificación, posibilidad de contradicción, actuación probatoria y decisión motivada.
La jerarquía normativa recuerda que los derechos patrimoniales deben ejercerse dentro de un marco superior de protección de la persona y de sus garantías procesales.
Preguntas para estudiantes
- ¿Qué diferencia hay entre “tener derecho a recuperar un inmueble” y “poder sacar a alguien por la fuerza”?
- ¿Qué hechos y medios de prueba serían clave para la defensa del ocupante en el caso planteado por el profesor?
- ¿Cómo se manifiestan tutela jurisdiccional efectiva y debido proceso en un proceso de desalojo?
- ¿Qué rol juega el tiempo (urgencia) en estos conflictos y cómo debería abordarse estratégicamente?
- ¿Por qué la jerarquía normativa es relevante cuando una persona pretende imponer “reglas” por encima de garantías básicas?


